La mía es una familia tipo, normal y corriente, como hay muchas. En casa todo discurre con rutinaria armonía. Mamá y papá se llevan de maravilla, son la pareja perfecta, nunca discuten y toman las decisiones por consenso. Es verdad que mis hermanas son algo tocapelotas, hacen todo lo que está en sus manos para sacarme de mis casillas, sin embargo, creo que es algo frecuente en nuestro hábitat, a mis amigos les ocurre lo mismo. Tenemos una vida que transcurre, pues, con normalidad y si hubiera que buscarle un «pero» sería uno muy pequeñito, insignificante, un amago de controversia que a veces pone mi padre encima de la mesa a la hora del papeo.

—Estoy de comida rápida hasta los venancios —ruge cuando saca el tema—, todos los días igual. Cansa siempre la misma dieta, coño. Esto es más estresante que un perezoso jugando al ajedrez, cariño.

Mi madre, una santa, se encoge de hombros y hace oídos sordos al comentario.

—Hijo, es lo que hay, no queda otra, ya me gustaría a mí cambiar de dieta, no vayas a pensar. Las cosas hay que tomarlas como vienen: tenemos un trabajo esclavo; vivimos en las afueras; están los críos… Obrar milagros no se puede, rey mío.

Yo entiendo a papá, pobre, todo el día deslomándose para traer a casa algo que llevarse a la boca; pero ella tampoco se queda esperando a la sopa boba, que se lo curra tanto o más que él.

—A veces me gustaría ser un bicho de esos que con unas hojitas de árbol tiene bastante. Una jirafa, por un decir, tan tranquilas, ellas, ramoneando acacias, oye, que da gusto verlas.

—Ay, qué tonto —ríe mamá—, pero si a ti la verdura te da urticaria. Comida rápida, comida rápida, cualquiera que te oiga. Esta gacela estaba medio coja y la hemos cazado en un plis plas, Mufasa, hijo, que a veces eres de un agonías…

Entonces, a papá, le entra la risa floja, hociquea con ella un poco, estira las patas, se despereza y todo vuelve a la rutina.

—Simba, acábate esa paletilla de una puñetera vez, coño, hijo, que estás creciendo.

Y yo, que aspiro a ser algún día el rey león, dejo el hueso limpio, como un espejo. Nadie me dice a mí que el ñu de mañana no nos sale campeón de los cien metros lisos y tenemos que sudar la gota gorda.

Nants ingonyama bagitihi baba

Sithi uhhmm ingonyama

Armando Barcelona Bonilla

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