Lluvia negra de muerte embravecida,

que alquitrana de angustias los asfaltos,

túmulos tristes, colinas de basaltos,

luto y mortaja de piedad rendida.

Yermos paisajes de soledad dormida,

viveros de metrallas y de espantos,

de cuerpos mutilados, pena, llantos,

locura arrebatada y homicida.

La humanidad naufraga en turbio duelo,

cava Antígona fosas con sus manos,

pues ni los dioses pueden dar consuelo.

Una falange de verdugos paganos,

vuelven sus cruentas hachas contra el cielo;

¡tiembla Creonte!, rey de los tebanos.

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