Antes tenía que ocuparme de siete u ocho cada día, de todos los pesos, tamaños y colores; un suplicio. Y a mano, puro huevo, que te dejabas los riñones, tanto si tenías que subirlos a las filas de arriba, como si andabas con ellos a rastras por las de abajo; así llevábamos todos la espalda, como la firma de un notario.

Luego trajeron aquellas carretillas elevadoras, que algo aliviaron la faena, sí, pero siempre trabajábamos a la intemperie, invierno y verano, con lluvia, un sol de justicia, nieve o cierzo rabioso, era insoportable. Pero no quedaba otra, el cliente siempre tiene razón y en aquel tiempo era lo que se llevaba, todo el mundo quería los grandes formatos, apenas había demanda para el compacto, y teníamos que seguir a pie de obra, comiéndonos la artrosis, las hernias discales y el reuma aunque cayeran chuzos de punta.

Sin embargo, cambian las modas y, aunque lentamente, se empezaron a llevar los modelos más pequeños, manejables, que podía uno llevarlos a casa, si era su gusto. Construyeron la primera nave de producción y algunos, los más antiguos, empezamos a trabajar a cubierto; se estaba recogido y a salvo de las inclemencias, calentito, lo que en invierno se agradecía un montón. Todo, no obstante, continuaba siendo muy rudimentario, manual, seguíamos levantando pesos, algunos enormes, exagerados, inhumanos, pero no nos quejábamos.

Pasaron los años, la demanda siguió aumentando; la nave se amplió varias veces, las cintas transportadoras, los secuenciadores de tiempo y las plataformas elevadoras automatizaron el trabajo; se cambiaron los viejos hornos de ladrillo por estos de acero inoxidable de alta temperatura y aunque todavía sigue habiendo quienes insisten en el viejo producto tradicional, la mayoría de los operarios trabajamos aquí, en la nave.

Me quedan meses para jubilarme —no veas las ganas que tengo—, pero como todo está mecanizado y no requiere demasiada atención, pues eso, que lo llevo muy bien. Además, en deferencia a mis muchos años de servicio, me han colocado al final de la cadena, en el sitio más cómodo y paso la jornada rascándome la tripa, como quien dice, solo tengo que estar atento a cuando llega la urna y ponerle esta pegatina: «PUEDE CONTENER TRAZAS DE CADÁVERES ANTERIORES»; exigencias de la Unión Europea, que se la cogen con papel de fumar.

En fin, qué queréis que os cuente, nada como el progreso. Sic transit gloria mundi, que se dice en estos casos.

Armando Barcelona Bonilla

Armando Barcelona Bonilla Relatos

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