«Nuriel, han pasado miles de años desde la cagada —ha dicho Él—, espero que hayas tenido tiempo para meditar largamente sobre lo que pasó, moderado tu entusiasmo y que en el futuro no me la vuelvas a liar tirando de gatillo a las primeras de cambio, muchachote. A tu colega lo voy a dejar que se joda un par de milenios más porque le tengo gato, pero tú me caes bien y te levanto el arresto. Haz la maleta que vuelves a la carretera».

Cinco mil ciento cuarenta y cuatro años, para ser exactos, media vida, como quien dice, y por mucho que se empeñe, no nos pasamos ni un pelo, cumplíamos órdenes y punto: «Han perdido el temor de Mí, se pasan el día haciendo guarradas y no me sacrifican ni un cochino palomo. Dadles un severo escarmiento, para que aprendan».

Esas fueron exactamente sus palabras, como si las estuviera oyendo ahora mismo. Si no me creéis, preguntadle a Ahriman, pobre, que también estaba presente y tuvo que comerse, como yo, los mocos cuando las cosas se pusieron chungas. Resolviendo incidencias en el departamento de atención al cliente del purgatorio lleva el pobre desde entonces, con lo pejigueras, susceptibles y quejicas que son las almas a la espera de redención. Para que luego cuenten y no acaben de la vida de los ángeles.

¡Una mierda, se nos fue la mano! Además, a ver que harías tú si una panda de brutos, guarros y mal olientes sodomitas, estuvieran empeñados en buscarte la vuelta para estrechar lazos bíblicos contigo. A un palmo de mi culo, fuego, dice el proverbio, y eso hicimos, coño, fuego y azufre, que es lo suyo en esos casos.

Sí, lo de Sodoma y Gomorra fue sonado, quizás demasiado aparatoso y un poco bestia, si me apuras; sin embargo, qué quieres que te diga, donde hay patrón…

Pero no, resulta que el Señor, cuando se trata del EGM (Estudio General de Medios), se la coge con papel de fumar, le jode la mala prensa y como entonces las críticas no fueron buenas, pues eso, el muerto para nosotros. A caer de un burro, nos pusieron: ángeles de la muerte, genocidas celestiales, cabronazos de manual, de todo menos bonitos. Y nosotros a callar, punto en boca, fuera de circulación, a la nevera.

En fin, que la mala fama no nos la quita ni Dios; a ver cómo me presento yo ahora en sociedad, sin provocar una estampida de pánico: ¡Chicos, sorpresa, he vuelto! ¡Love and peace, tíos! ¡No corráis, leñe, que voy de buen rollo!

Cristalino, vaya donde vaya, en cuanto me vean el careto, o se van por la patilla abajo, o me corren a cantazos. Pero a ver quién se lo mete en la cabeza al Jefe. Jodido lo tengo, chungo, chungo, y no me queda otra que morir al palo.

¡Señor qué cruz! ¡Hasta el putiglán de la taba, me tiene! El día menos pensado pillo una excedencia, me paso al lado oscuro y a quien Dios se la dé…

Armando Barcelona Bonilla

Armando Barcelona Bonilla Relatos

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