Sin que nadie se entere

Conchi vuelve del lavabo ajustándose las mallas de licra. Tiene las mejillas ligeramente ruborosas y su mirada huidiza es incapaz de esconder un cómplice relámpago de picardía; el lápiz de labios se le ha desplazado hacia espacios que no le son propios y trae en los andares contoneo de hembra satisfecha. Angelita y Rosi cruzan…

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