Simplemente eso.

La penúltima brisa cálida del verano puso repiqueteo de esquilas en las hojas cansadas de los abedules y un entrevero de agujitas de hielo en la arboleda, que se vació el hastío con un suspiro hondo, como hecho a propósito para un réquiem. La tarde, todavía reacia a acostarse temprano, trazaba bostezos bermellones por las…

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